Hace unos años entendí que mi negocio tenía que crecer, y no podía crecer sin organización, estructuras administrativas y procesos bien definidos. Salí a buscar ayuda de personas que yo sabía que me podían aportar y encaminar a hacer las cosas bien. Ahora repito este proceso de buscar asesoramiento porque me voy a mudar de casa y me toca hacer una cocina nueva, y la quiero hacer bien.

Mi negocio se mudará a las afueras de la ciudad, y por ende, siendo madre que trabaja y con un nuevo integrante de la familia, nos mudaremos a un lugar un poco más amplio, para estar más cerca al colegio de los niños y a mis oficinas nuevas. Al crecer mi negocio a un formato de planta de producción, la cocina de “experimentos” que solía tener en mi antiguo local, desaparece; por eso me propuse hacer una cocina digna de un chef (o cocinera obsesiva) en mi nuevo hogar.

Pero no pudiese explicar todo, sin antes contarles de cómo diseñé mi primera cocina y todas las lecciones que aprendí en ese momento, que ahora me dan las herramientas para esta nueva aventura.

Cómo empezó todo…
Mi primera cocina la diseñé hace 8 años, cuando me mudé a un edificio viejo, el cual mi esposo y yo habíamos planeado remodelar porque era un edificio de +30 años. El plano original tenía una cocina pequeña y lavandería amplia, con una vista ininterrumpida del mar pacífico, lo que era una ventaja inusual. Al estar la cocina y la amplia lavandería separadas por una sola pared, pudimos tumbarla y anexar ese espacio, creando una cocina cómoda, con una isla central con desayunador. Como resultado, redujimos la lavandería a su mínima expresión.

Para empezar dicha remodelación, tuve que cambiar el diseño original en plano, porque en éste aparecía la estufa pegada a una pared sin ventana, con el respectivo extractor. Como siempre había soñado con tener una isla en la cocina, quería que mi estufa estuviese empotrada en la isla, para no dar la espalda a los que estaban sentados en el desayunador y no mirar a una pared al cocinar. Mi idea siempre fue que la cocina estuviese “cerrada” pero, simplemente abriendo una puerta corrediza, pudiera integrarme a lo que estaba sucediendo en sala y mis invitados pudiesen verme de frente cocinando.

Para lograr esto, tuve que mandar a hacer un extractor a la medida, especial para isla (los 4 lados están expuestos y sale del cielorraso), con la ayuda experta de la empresa Metálica Pérez y mi amigo Juan Ibañez, quien me ha ayudado en muchos proyectos de cocina profesional. Para mí, un buen extractor es un elemento fundamental de una cocina, y la distancia sobre la que está ubicado con relación al fogón, el tamaño del motor de extracción, y la longitud y ángulo del ducto, son temas importantes para su buen funcionamiento. Por suerte, esos requisitos se cumplían, y más importante, mi edificio permitía que yo sacara por una ventana el ducto. Es necesario pedir autorización a la administración en muchos casos ya que puede alterar la fachada.

Agregué a mi diseño tentativo de la isla, un pequeño fregador, para lavarme las manos al cocinar y usarlo para prepwork. Una vez tenía dimensionado el espacio a utilizar para la cocina, me pude enfocar en qué compañía escogería para hacer los muebles.

Como en todo, hay muchas ofertas en cuanto a cocinas en el mercado pero, por experiencia, suelo buscar empresas de las cuales tenga referencias. Cosas tan costosas y tan delicadas como es la cocina, que requieren precisión de medidas, responsabilidad en tiempos de entrega, y calidad en cuanto a materiales usados, son para mí decisiones importantes, y no las tomo a la ligera. Una amiga había tenido muy buena experiencia con la empresa Home Interiors, en Vía Brasil, y siendo ella entrenada como chef y una persona meticulosa, seguí su recomendación y fui a ver las cocinas de dicha empresa.

Así fue cómo hace 8 años, entré a Home Interiors por primera vez, con un cúmulo de ideas en la mente y un presupuesto establecido que no podía sobrepasar. Encontré que en cocinas hay de todo, de muy costoso a muy económico, y debía entender cómo utilizar ese presupuesto para lograr lo que quería: una cocina funcional, duradera y bonita. Una cosa era el mobiliario de la cocina y otro era el sobre que va encima del mobiliario. En cada rubro había una variedad abrumadora de materiales, colores y precios; tomar decisiones no fue fácil. Las escogencias que hice, y las lecciones aprendidas, son para un segundo post.

Algunos tips que recopilé de esta experiencia inicial, fueron:

  1. Pide recomendaciones; no hay nada como las referencias de personas que han usado los servicios de una compañía. Si tienes a alguien que use su cocina, o como yo, que es cocinero profesional, las referencias son importantísimas. Recuerda, no es lo mismo un usuario de un producto, que un vendedor del mismo.
  2. Conoce a tu proveedor. ¿Qué trayectoria tiene en el mercado local? ¿Qué marcas distribuye y qué disponibilidad de inventario tiene? ¿Cúal es la política de garantía de los muebles? ¿Cúantos meses para la entrega, una vez se hace el pedido? Si vienen de Europa, pueden ser 4 meses o más, y recuerda que agosto es un mes donde muchas fábricas allá cierran, así que ese tiempo muerto se suma al tiempo total de entrega.
  3. ¿Cómo te atiende el vendedor? Una cocina es una compra importante, y el servicio al cliente y la atención al detalle son imprescindibles. Es indispensable que la empresa te brinde la mayor información posible y te permitan visualizar tu futura cocina mediante bocetos o renders para poder observar el diseño final en formato tridimensional, de esta forma será más fácil aclarar dudas y tener una idea concreta de cómo se verá tu futura cocina. No dudes en preguntar, ya que una compañía seria, tiene vendedores con experiencia que saben asesorar a sus clientes.

Si tienes alguna pregunta escríbeme, y con gusto aporto mi granito para que esta elección sea un poco más fácil.

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